Oil landscapes

Howth, Ireland 2000

Oil painting 2000.

Howth marked a before and after. I began many things in my life there; I felt nature, I connected with it. Without a doubt, a milestone in my life—alone, with my backpack full of life and energy to share.


Watercolor landscapes

Roses, 2023

Wartercolor

It captures you. 

The sea abducts you; each wave hypnotizes your being, just like when we gaze into fire. A moment in time that can last a lifetime.

Iceland, 2018

Icebreak.
Iceland, road trip. Spring 2018.
Loose watercolor on Arches paper 300gr.

As the name suggests, Iceland, land of ice. I've never seen so much snow; dreamlike moments. One of the greatest adventures my life, which, like ice, breaks into different parts.

Portraits

Courtney, 2020.

Watercolor
Sunday roast (2018) 

Don't come with your arms swingingThrow them around meSome kind of sweet reliefI hope you never leaveIt's all the same to meJust bring yourselfYou know your presence is present enoughI got a front row seatIt's all the same to meI spend a lot of my timeDoing a whole lot of nothingI know you're doing your bestI think you're doing just fine

Studies

John Singer Sargent, 2022

Study of his self-portrait (1906) 

What an inspirational reference. 

He was considered the "leading portrait painter of his generation". Agile brushstroke.  He created roughly 900 oil paintings and more than 2,000 watercolors, as well as countless sketches and charcoal drawings.

Unique.

Phoebe, 2023.

Oil on board. 
Color and composition study from the iconic picture of Josh Cole.

Fleabag's success, PWB surrounded by Emmys. Well deserved. Genius.


Emma Zorn, reading

Color study of one of the masterpieces of Anders Zorn: Emma Zorn reading (1887). 

It has been a breakthrough in my learning all these exploration into the colours using the so called Zorn palette - Cadmium Red, Black, Yellow Ochre and Titanium White

Less is more, always.


Linocut

Canicas

En los bolsillos también tenía otra colección: una docena de canicas de diferente tamaño, algunas compradas con alguna vuelta del pan -no reclamada por mi madre- y otras ganadas en el gua. El gua era un juego de canicas que consistía en hacer un hoyo en la tierra -el gua- a una profundidad de unos cinco centímetros. A partir de ahí, se trazaba una línea de tres metros desde el gua y se lanzaban las canicas para determinar el orden de salida de los participantes: comenzaba quien quedara más cerca de la raya. Llegados a este punto, los niños proyectaban las bolas intentando introducirlas en el gua y a partir de entonces, intentaban colisionar las canicas sobre las de los demás, propulsándolas con el dedo corazón y apoyándose con la otra mano con la distancia de un palmo. Colocaban las canicas en primer lugar entre las yemas de los dedos, realizando un suave movimiento de amasado entre el pulgar y el índice. Antes de lanzar se cercioraban no poner el dedo meñique sobre alguna piedrecilla que pudiera producir un desequilibrio en el momento del lance.

Sonido de canicas. Gua. Cada uno tenía su estilo, pero, en definitiva, el juego consistía en tocar la canica del oponente con la propia canica y después introducirla en el gua, y así se ganaba la canica del contrario.

Yo no era muy bueno jugando al gua, pero tuve la fortuna de toparme con niños más torpes que yo y, haciendo gala de un cierto oportunismo y cierta pericia, aproveché para agrandar mi colección: tenía ocho canicas de cristal, tres de arcilla y una de hierro. Esta última la lucía muy orgulloso como si una gran bola demoledora de edificios se tratase. Debería tener un estuche para guardarlas, pensé mientras admiraba orgulloso las transparencias y colores de mi último botín.